Evangelio contra el exclusivismo

Retomamos nuestros encuentros quincenales. Y lo hacemos con un texto en el que el evangelista Marcos recoge la enseñanza de Jesús a los Doce sobre cómo debe ser el comportamiento de un seguidor suyo con quien no lo es.

De la primera a la última, las palabras de Jesús tienen un único objetivo: conseguir comunidades cristianas abiertas, sin barreras exclusivistas. Exactamente lo contrario de lo que Juan, uno de los Doce, deja traslucir en el versículo inicial (v.38).

En los vs. 39-40 Jesús habla desde el sentido común y dice a sus seguidores que deben dejarse de ver enemigos donde no los hay.

En el v. 41 Jesús habla a sus seguidores de la bondad de los pequeños gestos de quienes no son seguidores suyos y afirma que esa bondad no le pasa desapercibida a Dios.

En los vs. 42-48 el tono de las palabras de Jesús se hace severo; su lenguaje se hace gráfico, basado en imágenes llamativas, de esas que quedaban grabadas en la memoria y perduraban imborrables. De esta forma contundente, Jesús dice a sus seguidores que puede acontecer que el problema no esté en quienes no son sus seguidores, sino en sus propios seguidores.

¿Cómo y cuándo puede acontecer esto? Cada vez que un seguidor suyo escandalice con su comportamiento a un no seguidor. Jesús hace saber a los Doce con rotundidad que un daño personal de este tipo no deja indiferente a Dios ni ahora ni en el futuro eterno. Dios no solo está en los que son sus seguidores, lo está también en los no lo son.

 

Resumiendo en cuatro párrafos.

Primero. Jesús quiere comunidades cristianas sin barreras, abiertas a aprender de quienes no son cristianos o no se ven como tales. Estos ni son enemigos ni son ajenos a gestos de bondad. Dios no solo no es ajeno a la bondad de los no cristianos, sino que la reconoce y valora.

Segundo. El orgullo y la intolerancia niegan la existencia de un factor que trasciende a cualquier grupo, incluido el cristiano: la capacidad de hacer el bien. Esta capacidad no la puede esgrimir o acaparar nadie en exclusiva, por cuanto que tiene sus raíces en la común naturaleza humana.

Tercero. Necesidad de comunidades cristianas sin barreras, atentas a no ser un escándalo para quienes no son cristianos o no se ven como tales. Dios no queda indiferente ante los comportamientos escandalosos de los cristianos.

Cuarto. Como cristianos estamos llamados a tener grandeza de ánimo y altura de miras, a prestar  atención y cuidado en lo que hacemos, decimos o decidimos.

 

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