BOTOX CLERICAL

A raíz de las últimas afirmaciones y declaraciones, magistrales dicho sea de paso, de nuestro Papa Francisco, empiezan a aparecer en los distintos medios declaraciones y afirmaciones de muchos personajes, la mayoría clérigos, haciendo comentarios a las mismas.

Me lo estoy pasando bomba, o tal vez deba decir que no doy crédito, Y me explico. Todos conocemos muchos personajillos, hombres y mujeres, que a fuerza de operaciones estéticas y de inyecciones de botox han perdido la expresión, su rostros son los mismos, fríos y escayolados, en todas las situaciones, les miras a la cara y no sabes si ríen o lloran, la expresión es la misma, y normalmente bastante triste y ortopédica. Pues a nuestros clérigos y otros personajes les sucede lo mismo, con la diferencia de que su botox no es inyectado sino consustancial, engalanados con su mejor cara, su rostro triste, adusto, siempre enfadado con el mundo tan malo, amargados, sin sonrisa ni palabra, salen diciendo que las palabras del Papa están llenas de frescura, de vida, de alegría…

Es cierto, el Papa nos ha dicho muchas cosas, nos ha pedidos que demos guerra en la diócesis, llama a los obispos a vivir la sonrisa a presentar rostros de felicidad, sí nos invita a posicionamientos muy novedosos frente a los que nos tienen acostumbrados, pero el interrogante surge inmediatamente, ¿llegarán estas palabras a los oídos de nuestros jerarcas, clérigos y laicos?, ¿serán palabras vacías, pequeñas perlas para el recuerdo?, ¿llegarán a mover verdaderamente los corazones y provocarán cambios efectivos en el fondo y en las formas de nuestra vida eclesial?. De momento no pueden ser creíbles para el hombre de la calle, cuando el rostro que se hace portador de esas palabras tan frescas es incapaz ya no digo de vivirlas, sino de reflejarlas… decía Nietzsche que muchas veces le gustaría creer a los cristianos cuando hablan de su Dios, pero que le costaba mucho porque no veía que los cristianos tuvieran cara de resucitados.

¡Os invito para que seamos, mejor, para que sigamos siendo esa cara amable de nuestra Iglesia. Hemos sabido sonreír el evangelio de cada día, sigamos siendo sonrisa!…

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