¿Parroquia o Comunidad?

Interesante y compleja cuestión, acuciante y necesaria para repensar en el momento actual. Para algunos puede que sea un debate estéril, incluso otros dirán que vacío de contenido o innecesario. Opiniones hay para todo, pero aquí no se trata de ideas más o menos subjetivas, sino análisis profundos de la realidad y sus transformaciones radicales.

La parroquia identifica a la Iglesia que está en medio de las casas de la gente, es la pequeña iglesia insertada en la vida de los hombres; pero lo que por definición es exigencia vital se ha acabado por convertir en un formalismo administrativo y territorial. En estos tiempos de movilidad, de adscripciones líquidas, ese perfil territorial está perdiendo su sentido, se trata de una estructura obsoleta que exige esfuerzos pastorales muchas veces desproporcionados e inútiles, tanto en el ámbito rural como en el urbano.

Por contra, la idea de comunidad, concepto socio-experiencial presente desde los albores de nuestra Iglesia, hace referencia más a los lazos de afecto y proximidad, de convivencia y de vida compartida, de implicación vital en un proyecto común, sin la necesidad de atarse a esquemas territoriales, lazos que nacen de una fe vivida y compartida, lazos que se implican en una auténtica solidaridad material.

A lo largo de nuestros muchos siglos de historia hubo momentos en los que adquirió todo su sentido dar primacía a la idea de parroquia en detrimento de la de comunidad, no siempre con fines claros, sino más bien extraños y espúreos por dependencia o absorción de las competencias civiles. Este proceso supuso no solo el abandono sino también el aniquilamiento de todo tipo de vínculo comunitario, dejó de ser un concepto identificatorio de la organización eclesial, paso a ser una idea teológica vacía de contenido.

El momento actual, después de varias décadas de secularización, indiferencia, y distanciamiento de la realidad sociocultural, ventilado el nacionalcatolicismo, y por consiguiente la adscripción natural de todos los nacidos con el sentir creyente-católico, rotos todos los vínculos estables de comunicación y relación, parece que ya no tiene mucho sentido seguir manteniendo de manera artificiosa una estructura territorial, es más lógico retomar la idea de comunidad y todas sus implicaciones, que nuestros templos sean espacios de libre adscripción y pertenencia, que las comunidades se vertebren en torno a ellos, pero que no construyan barreras ni guetos, que se rompan los márgenes territoriales y se abran los vitales.

Yo, más que el cura de una parroquia, me siento el ministro de una comunidad que se reúne en la iglesia de… mi sueño siempre ha sido y sigue siendo el de formar y consolidar una comunidad, no me siento funcionario de dispensarios o gasolineras de sacramentos, donde esté allí quisiera que estuviera mi comunidad… si no me creéis preguntadles a algunos movimientos que tienen a gala su comunitariedad, cuáles son sus lazos y si se atan a un espacio…

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