¿PROPIETARIOS?

Por favor, que alguien pare a esos meapilas del sistema, pandilla de ignorantes sumisos que cada cierto tiempo saltan a la palestra con el único fin de alabar las bondades de los jerarcas, y machacar a  los pobres y sumisos curritos del Evangelio, lanzan grandilocuentes parrafadas, vomitos de falsas adscripciones a la autoridad, cuya única meta es regodearse en el fango de su propia miseria. No les demos tregua, pues estos personajes hacen mucho daño, son los que alientan y sustentan todas las formas de totalitarismo y fascismo. Cogemos el periódico de cada día o nos lanzamos a las sucias aguas de los mentideros de internet y descubrimos a infinidad de titiriteros de la mentira y el insulto, víctimas de su propia mediocridad, de sus miserias y fracasos que no encuentran más consuelo que en el daño que pueden causar a otros. Son verdaderos artistas de la mentira, de la calumnia, del insulto, todo lo que sea con tal de satisfacer su ego y medrar ellos. Hoy mismo aparecía un tal “Julio” cuya simpleza no iba más allá de una palabras vacías, un “tu debes” sin fundamento ni horizonte, y un montón de frases dichas por otros y sacadas de contexto. ¡Julio, amigo, lee algún libro y después habla de lo que quieras! y la próxima vez idéntifícate y déjate de nombres tipo John Smith.

Dicho lo anterior, voy al tema que propongo en el título, que en su forma amplia sería el argumento tan manido de que los curas no son propietarios de las parroquias, ni los parroquianos de sus párrocos. ¡Por suerte!, dicho sea de paso. Me provoca sonrojo escucahar estos argumentos en boca de compañeros, pero verdadera vergüenza cuando salen de la boca de responsables y jerarcas. Me explico.

Hablamos de propiedad cuando sentimos o afirmamos algo como propio; propio para su disfrute y manejo como tal; propio para hacer y deshacer como me venga en gana; propio para disponer de ello, venderlo o tirarlo; propio en cuanto que me pertenece y es consustancial a mi dominio ético.

Hablamos de propiedad, al menos a estas alturas de la historia, cuando nos referimos a bienes o realidades materiales, nunca a personas o colectivos sociales. Por tanto, cuando alguien argumenta con la acusación de propiedad hacia un subordinado está afirmandose como sujeto de dicha propiedad, incurriendo en varios errores o falacias, equívocos que le hacen aparecer como un autócrata despreciador de la dignidad de lo humano.

Una comunidad parroquial no es un bien material, no es ni puede ser propiedad de nadie. Una comunidad es un agregado social de individuos, léase personas, y dígase creyentes, que sobre la base de vínculos de fe, de afecto y de proyecto vital, se unen para celebrar, caminar y compartir en un proyecto de vida más o menos común; y siempre en el reconocimiento de la variedad de funciones y carismas, de la compementariedad y necesidad de los mismos. Vaya, que una comunidad es un conjunto de personas unidas por estrechos lazos de afinidad, luego un agregado social autónomo, digno y responsable de sí mismo. Nadie puede arrogarse ningún título de propiedad sin menospreciar el valor y la carta de dignidad de esas personas.

Una comunidad, como colectivo humano de proyecto y espacio vital, suele aglutinarse en torno a una o varias figuras de fuerte carisma. Pueden ser de presencia, como el caso de los sacerdotes, catequistas, animadores,… o de fuerte perfil metarreal, como las figuras de los santos, realidades trascendentes, y todo ello en torno al referente del rostro de un Dios personal. Sea el caso que sea, ninguno de ellos es visto como propietario. Pueden ser servidores, presencias de empaste, referentes de sentido, horizontes de realización, pero siempre fruto de una elección personal libre. No hay propietarios.

No me enrollo más, ni tampoco seré más claro. Sólo pido una cosa, dejen de utilizar argumentos vacíos, digan las cosas como son,… pero aquí nadie ha dicho, manifestado ni se siente propietario de nada, ni siquiera de su propia existencia, más bien servidores de un hermoso sueño, el Reino de Dios.

¡Gracias!, los que conmigo caminan siempre son y se sienten libres, yo hasta hace poco también, ¡quisiera seguir siendo libre entre gente libre!. ¡Ni propietario ni propiedad, simplemente libre para anunciar a Jesucristo!

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