TODO PASA Y…

Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado, ¿de quién será? La parábola del hombre rico y sus placenteros planes para el futuro debe ser para nosotros un motivo de reflexión seria y realista sobre nuestra vida. Es evidente que todos queremos vivir bien ahora y asegurarnos una vida buena para el futuro. Pero no debemos pasarnos la vida pensando en el futuro, porque el futuro está escrito en las estrellas y no alcanzamos a leerlo. Tenemos la obligación, claro está, de hacer bien lo que hacemos ahora y tenemos también la obligación de programar en lo posible nuestro más inmediato futuro. Pero, como nos dice la parábola, sabiendo que no sabemos ni siquiera lo que va a ocurrir mañana. Sobre todo, con el dinero y con los bienes materiales hay que procurar siempre ser muy realistas y dueños de nosotros mismos. Convertirse en esclavo del dinero y de los bienes materiales presentes, para asegurarnos un futuro económicamente seguro es algo peligroso. Porque, como decía alguna canción que yo ya no recuerdo, en la vida todo pasa y pasamos irremediablemente nosotros. Por amor a un futuro incierto, no seamos esclavos del presente cierto. Ser precavidos, sí, porque también es verdad que en la vida todo queda, es decir, el futuro es siempre continuación de un presente, pero sin absolutizar el futuro. La frase final de esta parábola deja todo muy claro: así será el que amasa riquezas para sí y no es rico para Dios. Amasar riquezas para sí es amasar riquezas por puro amor a las riquezas, olvidándonos de Dios y de su mandamiento del amor al prójimo. Nuestros bienes materiales deben estar siempre subordinados a nuestros intereses espirituales. Lo único absolutamente necesario en esta vida es tener nuestra conciencia en paz con Dios y esto no se consigue almacenando riquezas para sí y siendo pobres para Dios.

Vanidad de vanidades, todo vanidad. Estas palabras de Cohélet, hijo de David, rey de Jerusalén, en este libro que llamamos “Eclesiastés”, las hemos dicho todos alguna vez y las hemos oído decir muchísimas veces. Porque todos nosotros, en algún momento de nuestra vida, hemos sentido y experimentado la verdad de esta frase. Nuestras ambiciones y nuestras ilusiones nos han hecho más de una vez trabajar y trabajar en balde, sin haber recibido fruto alguno de nuestro trabajo. ¡Tanto esfuerzo y tantas esperanzas como puse en esto, nos decimos, para nada! No es que debamos ser pesimistas e indiferentes en nuestra manera de pensar y actuar, no, pero sí debemos ser siempre realistas y equilibrados en nuestras actuaciones y en nuestros cálculos y proyectos. Yo no creo que, en nuestra vida, todo sea vanidad de vanidades, pero sí creo que mucho de lo que el ser humano hace, piensa y anhela es vanidad. La realidad acabará poniéndonos siempre a cada uno en nuestro verdadero sitio.

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